El compromiso de proveer agua para tod@s

En septiembre, la Asamblea de las Naciones Unidas estará ratificando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que será la hoja de ruta sobre el desarrollo que guiara a los países alrededor del mundo para los próximos 15 años. Hasta la fecha, los ODS incluyen 17 objetivos, de los cuáles el 6to es sobre el agua: “Asegurar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

¿Qué tiene que ver el agua con el desarrollo?

Para el desarrollo sostenible de nuestros países centroamericanos, es necesario asegurar el recurso hídrico para todos los usos, porque a diferencia de otros recursos naturales, el agua tiene una relación con todos los aspectos que afectan el desarrollo: la seguridad alimentaria, la salud y la reducción de la pobreza; además, el agua sostiene el crecimiento económico de la agricultura, la industria y la generación de energía. Brindar acceso a agua a la población es una de las principales medidas para mejorar los niveles de pobreza, por sus múltiples efectos en la salud y nutrición, entre otros.

¿Porqué una meta sobre agua en los ODS?

Es importante que el agua se refleje como una prioridad dentro de esta agenda para poder abordar la crisis mundial del agua. El apoyo a nivel de país para contar con un objetivo enteramente dedicado al agua en la agenda mencionada es esencial mientras las negociaciones estén en curso.

Además es importante hacer un abordaje más integrado de forma de superar las limitaciones de los ODM, al incluir aspectos como la calidad del recurso, la eficiencia en su uso y aspectos institucionales, entre otros. Así, se podrá contribuir de forma más efectiva al desarrollo y generar el marco habilitador a los países para emprender acciones en el tema.

¿Qué dicen los sectores sobre el objetivo propuesto?

Durante el 2013 y 2014, GWP reunió a alrededor de 1,200 participantes de 29 países para dar voz a las actores referente a la propuesta para el objetivo sobre el agua y las metas relacionadas dentro de la agenda de desarrollo post-2015. Las consultas reunieron voces de los sectores del medio ambiente, la agricultura, la planificación y la infraestructura, incluyendo representantes políticos, funcionarios de gobierno y delegados del sector privado y de la sociedad civil. En Centroamérica se organizaron consultas en Guatemala y Nicaragua.

Las consultas refuerzan enfáticamente que un Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) sobre el agua no es sólo necesario – es fundamental para el marco de desarrollo sostenible post-2015.

Así mismo, las consultas muestran un fuerte apoyo a metas integrales e interrelacionadas para promover enfoques integrados para la gestión del agua; y a una clara preferencia por flexibilidad en el establecimiento de metas nacionales, apoyadas por definiciones claras de
términos e indicadores.

Algunos de los principales retos (oportunidades) que se tendrán para cumplir con la meta incluyen la necesidad del fortalecimiento institucional y de capacidades técnicas, el fortalecimiento de los sistemas de generación de información y monitoreo, la necesidad de inversiones en infraestructura, entre otros.

¿A qué nos estaríamos comprometiendo con la aprobación del objetivo 6 sobre agua?

Las metas específicas sobre agua son:

  • Meta 6.1 Para el 2030, alcanzar acceso universal y equitativo de agua segura y asequible para todos.
  • Meta 6.2 Para el 2030, alcanzar acceso adecuado y equitativo de saneamiento e higiene para todos, y terminar la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y niñas y de aquellos en situaciones vulnerables.
  • Meta 6.3 Para el 2030, mejorar la calidad del agua a través de la reducción de la contaminación, la eliminación de los botadores a cielo abierto y minimizando la descarga de químicos y materiales peligrosos, reduciendo a la mitad la proporción de aguas residuales no tratadas, e incrementando el reciclaje y la reutilización segura en un X% a nivel global.
  • Meta 6.4 Para el 2030, incrementar sustancialmente la eficiencia en el uso del agua en todos los sectores, asegurando extracciones sostenibles y el suministro de agua dulce para enfrentar la escasez del agua y reducir sustancialmente el número de personas que sufren por la escasez hídrica.
  • Meta 6.5 Para el 2030, implementar la gestión integrada de los recursos hídricos a todos los niveles, incluyendo la cooperación transfronteriza según sea apropiado.
  • Meta 6.6 Para el 2020, proteger y restaurar los ecosistemas hídricos, incluyendo montañas, bosques, humedales, ríos, acuíferos y lagos.

Lea los comentarios de expertos sobre cada una de las metas en el espacio de discusión abajo.¿Qué opina usted? ¿Cómo podemos alcanzar estas metas? ¿Cómo podemos participar para que se logren? ¿Qué preguntas le haría a los expertos que han comentado?


 

GIRH: reconoce el valor del agua

El agua es un derecho humano, sin embargo tiene un valor económico, ambiental y social que es necesario reconocer para que todos los beneficios y servicios que nos proporciona continúen y se mantengan.

Al entender que es imprescindible incorporar el valor del agua en todos sus usos, podremos poner en práctica la gestión integrada de los recursos hídricos que reconoce al agua como un bien económico y un derecho humano.

La sequía centroamericana

En la región centroamericana da la impresión que los poderes políticos y económicos se interesan menos por el tema ambiental que los actores externos, aun así se espera una unificación del istmo para enfrentar las adversidades climáticas.

Por: José Manuel Torres

02 Acción contra el Hambre Guatemala ©SamuelHauenstein-2011Las regiones más afectadas por la sequía, son igualmente donde la pobreza y la extrema pobreza son más agudas. Se identifican también, a lo largo de su historia, como los escenarios donde se han llevado a cabo los más severos conflictos de lucha y despojo de tierras, guerras, desplazamientos e inestabilidad laboral. Dentro del ámbito político y económico, son regiones que juegan actualmente un papel marginal – pero fundamental – para el «espacio de mercado» regional, porque son fuente de mano de obra que trabaja en las labores más arduas y peor pagadas, pero que rentabilizan remarcablemente, como la siembra de café y las maquilas.

El ejemplo prototípico, que identifica los vestigios de la sequía geográfica y demográficamente, se identifica como el Corredor Seco Centroamericano (CSC). Dicho corredor se extiende desde el Estado de Chiapas en México hasta la provincia de Guanacaste en Costa Rica. Físicamente se explica como un fenómeno cíclico de lluvias irregulares, que dificultan la producción agropecuaria de cerca de 10 millones de personas, instaladas básicamente entre Guatemala y Nicaragua. Desde la primera mitad del siglo pasado, se viene identificando repetidos ciclos de El Niño de la Oscilación Sur (ENOS), que han modelado la forma de vida de estas zonas predominantemente rurales, donde se hilvana una red de realidades interconectadas, que erige la misma figura humana, la del pequeño productor (que envejece paulatinamente, por falta de relevo generacional) o familia de campesinos que viven de la agricultura de subsistencia y venta de mano de obra en condiciones precarias y arbitrarias.

Hay que señalar que gran parte de CSC simboliza la tierra representativa del drama agrario en la región centroamericana. En El Salvador, para el caso, fue el escenario del genocidio de 1932 (se estima que murieron asesinados 25 mil campesinos), mismo donde se cebó en 1936 una sequía que se registra como una de las más fuertes del siglo pasado. La mayoría de los municipios registrados en zonas de riesgo, han sido también el teatro de las guerras civiles en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, cuyas consecuencias de baja intensidad también afectaron a municipalidades hondureñas y costarricenses.

Problemas sin resolver

Durante cada una de las crisis de sequía, en Centroamérica se ha comprobado que hay un factor socioeconómico y sociopolítico que la precede y la empeora. En pleno siglo XXI, los problemas irresueltos del siglo XX se acumulan a los actuales.

Las sequías de fines de los años noventa, las de 2001, 2009, 2012 y la que golpeó a la región a mediados de 2014, tienen como escenario de fondo, la reconfiguración de los países centroamericanos como «espacio de mercado». Visto de otro modo, esto implica que Estados fragilizados, que apenas han sobrellevado sus propias problemáticas y complejidades, tienen ahora el desafío de afrontar la suma de los problemas de cada uno.

Desde GWP y las otras instituciones vinculadas en la identificación y seguimiento de los patrones de sequía, que de manera general, representan también el espectro de otros actores externos que trabajan la temática, se plantean una serie de propuestas y desafíos, diseñados para conseguir que tanto los actores locales como regionales, públicos, privados, sociedad civil y ciudadanía, puedan absorber la transferencia de conocimientos y experiencias dentro de sus propias prácticas, iniciativas y marcos jurídicos.

En esencia, se propone construir y mejorar los canales ya existentes para la circulación de información.

Las recomendaciones, se entienden como Sistemas de Alerta Temprana (SAT) que apuntan a crear redes de pluviómetros controlados por la ciudadanía, sector público y privado; vincular las entidades locales competentes para mejorar las prácticas de cultivo (lo que incluye mejoramiento de semillas); colocar en la agenda pública el tema agrario; priorizar el ordenamiento territorial en función de los usos de la tierra, sensibilizar a las municipalidades afectadas en el tema del cambio climático; mejorar las prácticas mediante el uso de tecnologías apropiadas, diseñar políticas sostenibles para evitar la desertificación del campo.

Desafíos

290814 Canícula prolongada 008El desafío primordial es mejorar la situación de la seguridad alimentaria de la región. No obstante, la articulación de las acciones y la creación de estructuras SAT deben insertarse dentro del marco institucional de cada país, lo que implica a su vez, un reto suplementario y complejo.

Se persigue: «La institucionalización de los procesos relacionados con el SAT, para que tengan sostenibilidad técnica, política y económica a largo plazo. Este aspecto es importante por dos razones: (1) sólo las instituciones con mandato de Estado, pueden asumir legalmente este tipo de tareas, por ejemplo, la divulgación de alertas ante el impacto de eventos dañinos, como en este caso, de sequías; (2) Sólo las instituciones del Estado cuentan con al menos, una estructura básica, técnica y de recursos que puede dar seguimiento a los procesos sin estar sujeta al financiamiento asociado al ciclo propio de los proyectos.»[1]

Ya de una manera más detallada, restará determinar si «se desea crear estructuras SAT, orientadas a cultivos, o proporcionar, como hasta ahora, alertas, coordinadas por instituciones nacionales y regionales.»[2]

Finalmente, para garantizar el éxito de estas primeras etapas, es preciso «vincular las instancias necesarias en cada una de las escalas correspondientes a los actores que deben tomar parte del proceso para que resulte exitoso. El nivel regional es el de la coordinación entre instituciones nacionales, pero es en el nivel nacional, donde se hace escalar el proceso y como parte de él, la información vital para que las alertas funcionen.»[3]

Amplitud de los enfoques

Los esfuerzos tanto de actores externos como internos, anticipan, pronostican y ayudan a paliar ciertos efectos producidos por los trastornos ecológicos en la región.

Los sistemas de alerta y los programas técnicos para enfrentar los estragos del cambio climático trabajan con las poblaciones más afectadas y los poderes locales. No obstante, los problemas estructurales, causantes de la extrema fragilidad de la región centroamericana, siguen pareciendo inabordables desde la perspectiva del Estado y los gobiernos locales y regionales.

Esta situación, inevitablemente, permea y limita la visión y los enfoques que se manejan a fin de reducir la vulnerabilidad y garantizar mínimamente la seguridad alimentaria de las zonas más expuestas a los fenómenos climáticos.

La sequía de 2014 despertó una atención mayor hacia Centroamérica; considerada como una de las peores de su historia, los prácticamente dos meses sin lluvias, acabaron con las cosechas de maíz y frijoles, provocando una crisis alimentaria severa en cerca de 2,5 millones (diario El País, septiembre) de personas en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Pese a la emergencia, y a que este desastre ambiental es considerado como uno de los más trascendentes desde el Huracán Mitch (1998), la ayuda económica ha sido insuficiente y dilatada.

Propuesta de los Estados Foto: EFE

El problema de fondo es que detrás de esta crisis, la responsabilidad política y económica se siguió escudando eficazmente detrás de su propia inoperancia, como si la gestión del problema, no fuera en primer lugar, su obligación. Las instancias existentes al interior de los poderes públicos (y sus propios dispositivos), están más habilitadas para trabajar en contingencias que para explorar y crear enfoques que centren el cambio climático desde una perspectiva pública, por eso, entre otras razones, los desastres se siguen repitiendo.

Cabe señalar que el PMA advirtió que lo ocurrido este año podría derivar en una crisis humanitaria. ¿Cuál es la propuesta de los Estados frente a esta exhortación?

Las visiones exiguas de la esfera pública, impiden que las posiciones gubernamentales dispongan de una base sólida frente a los efectos del cambio climático en Centroamérica, reforzando la impresión de que los poderes políticos y económicos del istmo, se interesan por el tema menos que los actores externos.

Por su parte, los argumentos fisiográficos, agrológicos y climáticos que manejan predominantemente los actores externos son eficaces para comprender la vulnerabilidad física de la región, pero insuficientes para ofrecer una visión integral del cuadro de la vulnerabilidad social, puesto que esta solamente se puede complementar con una vinculación mayor de los poderes públicos y económicos.

En el istmo, tal como sucede en el resto del mundo, las transiciones ecológicas no perturban los paradigmas existentes, pese a los indicios de voluntarismo y las iniciativas en marcha. Dicho de otro modo, se habla de realizar un viraje ecológico pero no se emprende un frenazo económico, ni se reducen las disparidades en la distribución de la riqueza, ni se exploran otras vías políticas que las ya conocidas.

Es más, frecuentemente la vulnerabilidad social es asociada (entre otros factores) con la falta de medios y herramientas para integrarse mejor en los mercados, pero rara vez se plantea cambiar las reglas del juego. Dentro de esta lógica, cabría preguntarse: ¿por qué habrían de hacerlo?, si por ejemplo, las fuentes de financiamiento y préstamos para estos países están condicionadas siempre y cuando se continúen las políticas fiscales, económicas y de liberalización de los mercados.

Por otro lado, sorprende leer que estudios multidisciplinarios, que trabajan sobre los efectos del cambio climático, argumenten que la falta de industrialización en la región es una de las causas de su propia vulnerabilidad.

Problemas estructurales

De manera global, el problema del cambio climático se quiere encarar sin cambiar el mundo que lo ha provocado, se dice que es un tema prioritario pero no siempre se trata como tal.

A escala mundial, no se han creado los mecanismos de presión capaces de plantear auténticas transformaciones, de hecho, algo más fácil, como lograr que los principales responsables del desastre ambiental se comprometan a suscribir los acuerdos y protocolos existentes, no ha sido posible. A su vez, los grandes poderes que están detrás de las industrias más contaminantes, que alimentan la voracidad de los mercados, invierten proverbialmente para desvincular y “desmitificar” precisamente las correlaciones existentes entre las reglas actuales de la economía y la política con el impacto ambiental.

La tendencia es que los discursos y las acciones asumen paulatinamente dinámicas que contrarían lo menos posible a las estructuras de poder. En regiones más pequeñas y más maniobrables, como Centroamérica, donde, por otro lado, el poder es teóricamente más permeable, sucede de la misma manera; bajo el pretexto de “no intervenir”, los problemas ambientales no se tratan desde una perspectiva política y económica contundente.

Se habla de adaptación a los intensos procesos de sequía pero no se menciona la posibilidad de un cambio más profundo. El tema de la sequía, que afecta cíclica y progresivamente a las mismas poblaciones, es una coyuntura ideal para interrogarse sobre la supuesta irreversibilidad de los problemas estructurales. Frente a la emergencia misma del cambio climático, la alternativa arquetípica sería la de centrar más enfáticamente el interés de los Estados por regiones a las que además se les está en deuda histórica.

No se cuestiona que los enfoques (cambios de tiempo de siembra, fortalecimiento de los sistema de alerta temprana, construcción de cuencas, etc.) sean motivados por la urgencia (son dentro de todo, los que ahora funcionan), pero sería necesario ampliar la mirada y asumir consecuentemente los desacuerdos eventuales, para imaginar que también sea posible transformar en proyectos paradigmáticos de desarrollo, esos lugares donde solamente se ha conocido y se conoce la pobreza.

Centroamérica dentro del mundo

El abordaje de los problemas ambientales debe adecuarse a la velocidad y la rudeza con la que cambia el mundo. El sistema ha dejado en evidencia que durante sus períodos de crisis, aumenta su potencia destructora. La naturaleza cada vez más transitoria, agresiva y cambiante de los flujos de mercado, destruye el medio ambiente, y va tras aquellos nichos que aún no han sido conquistados o que lo han sido solo parcialmente.

En el panorama actual, resulta desfasado analizar la realidad de continentes o países sin tener en cuenta la preponderancia de zonas o regiones creadas específicamente por los flujos de mercado.

Cada región se ve fortalecida o sumida en desventaja, en función de un determinado tipo de recursos humanos, que comprende igualmente obras de infraestructura, procesos de asimilación cultural, factores socioeconómicos e inclusive raciales que determinan a su vez la importancia y el uso o subutilización de ciertos tipos de recursos naturales, muchas veces, a costa de otros.

Estos procesos de supresión de los confines nacionales, están sustituyendo aceleradamente las fronteras tradicionales, pero al ritmo del mercado y no de las necesidades humanas, sociales y democráticas.

En el caso centroamericano, la región representa económica y geopolíticamente el puente «natural» de pasaje entre el hemisferio norte y sur del continente.

Por su situación geográfica y la fragilidad de sus Estados, es considerada una «sub-región» donde se suman en permanencia componentes para volverla más «interesante» desde el punto de vista comercial, lo que se traduce consecuentemente en la creación de zonas y regiones semi-industriales, agroindustriales, agropecuarias y comerciales donde los recursos naturales, notablemente los hídricos, son subutilizados, bajo el mismo esquema como se explotan otros, como la minería, y evidentemente, la mano de obra que los trabaja.

Desde cualquier ámbito de trabajo, cuando se investiga y define la región, se discurre forzosamente entre dos vertientes de discurso; por una parte, los grandes temas sociales y societarios; la pobreza, el atraso, la violencia, la desigualdad extrema, la vulnerabilidad social y ambiental, los grados deficitarios de democracia, y  por el otro lado, la integración regional alrededor de tratados y acuerdos comerciales y todo lo que esto representa, incluidas también ciertas ventajas.

En prospectiva, Centroamérica marcha al mismo tiempo hacia diversos tipos de unificación regional, en la que también se suma la integración de tipo ambiental. El desafío es que esta inercia propulsada por los factores exteriores, permita que los Estados y las sociedades puedan adjudicarse sus propios procesos de asimilación, y en lo ideal, imponer su voluntad soberana, algo que todavía no ocurre.

Las preguntas por el momento son: ¿Quién defiende a la región? ¿Quién impide que Centroamérica ponga a disposición de una economía global, cada vez que ésta busca espacios de mercado más rentables, su capacidad extrema de elasticidad, dejando al borde del precipicio sus recursos humanos y naturales más preciados?


[1] Patrones de sequía en Centroamérica. Su impacto en la producción de maíz y frijol y uso del Índice Normalizado de Precipitación para los Sistemas de Alerta Temprana. GWP Centroamérica/COSUDE/CRRH, (2014). [2] Ídem [3] Ídem

Más sociología menos tecnocracia

Los derechos humanos deben ser el centro del debate sobre la definición del uso de los recursos naturales en Centroamérica

Por Ariel y José Manuel Torres

Evolución de términos

Hay dos términos que generan debate (y rechazo) cuando se trata de recursos naturales: “democratización” y “bien común”. Frente a estos, son preferibles “gestión” y “bien económico”. Es más, el término “bien social”, menos amplio que “bien común”, está siendo paulatinamente suprimido de las políticas ambientales.

Pero antes de que se hablara de “democratización”, “bien común”, “gestión” o “bien económico”, los recursos naturales se asociaban principalmente a la soberanía nacional; en el imaginario, el término “nacionalización” se oponía a “entreguismo”. El ejemplo prototipo lo representaba la nacionalización y monopolio del petróleo mexicano frente a casos como el de Venezuela, en las antípodas.

En Centroamérica, la primera concepción moderna de recursos naturales se formó a partir de las experiencias mineras y otros recursos provenientes de la tierra, destinados a ser productos agrícolas de exportación, como el banano. Según de dónde viniera el capital del propietario o concesionario, estos recursos se consideraban como explotados para fines nacionales o para beneficio de intereses extranjeros.

La polarización del tema era reduccionista, porque el recurso natural (tanto desde la izquierda como de la derecha) existía en función y cobraba valor únicamente desde la perspectiva de los derechos laborales. El ser humano, en su condición, ya fuera en su calidad de trabajador remunerado, como lo consideraban las compañías extranjeras o de obrero explotado, como lo consideraban los movimientos sociales, determinaba la importancia o no de un determinado recurso natural.

En otros casos, más aislados y esporádicos, los recursos naturales eran una cuestión de soberanía nacional, como el caso del río Motagua, limítrofe entre Guatemala y Honduras o como lo sigue siendo hoy en día la pesca en el Golfo de Fonseca, donde siempre se generan diferendos entre Honduras y Nicaragua.

Lo rescatable de esta visión, con fuerte acento ideológico, es que ponía en el centro del debate las injusticias sociales. Su defecto es que soslayaba cualquier otro recurso natural donde no existiera o no fuera evidente la conflictividad entre intereses. Durante muchas décadas, esta interpretación de los recursos naturales, impidió que se consideraran en su justa dimensión recursos más indeterminados como el agua (y no solamente los ríos o las aguas marítimas), el oxígeno, el recurso mineral (más allá de si fuera explotado o no), las selvas, las costas, la biodiversidad, los bosques, el aire, considerados casi con desprecio como simple naturaleza.

Cambio de vocabulario no de realidades

Foto: José Antonio LópezDesde hace veinticinco años un discurso más tecnocrático le ganó el pulso al viejo discurso ideologizado, como resultado, se han ampliado y especializado diversas visiones, pero también otras se han minimizado hasta su disociación.

La especialización ha permitido que conceptos más integrales como “recurso hídrico” o “variabilidad climática”, evoquen realidades más complejas y sustituyan a su vez denominaciones demasiado simples como “agua” o “cambio de clima”.

Sin embargo, nociones que antes tenían más peso como “injusticia” o “explotación”, son aisladas por considerarse “otros temas”, complementarios pero no centrales en la discusión sobre los recursos naturales.

Si bien hoy en día se entiende mejor lo que quiere decir biodiversidad, no se ha avanzado de igual forma para engarzar los problemas estructurales de las naciones centroamericanas con el supuesto progreso conceptual. En el discurso tecnocrático  lo económico es lo predominante, aunque también utiliza elementos provenientes de la biología (lo que es enriquecedor), sin embargo, la sociología está desterrada.

La diferencia más evidente es que lo “social” parte de lo económico y no desde la perspectiva de los derechos humanos, que siguen sin ocupar un lugar privilegiado en la toma de decisiones.

Como un paréntesis, es preciso señalar que no se está en contra de la utilización del lenguaje económico en oposición del lenguaje sociológico; se está en contra de la instrumentalización del lenguaje económico y científico que emplea la tecnocracia, de la misma manera en la que se está en contra de la instrumentalización de la sociología o de la historia del discurso ideologizado.

Si los enfoques sociológicos (separados de su instrumentalización) hubieran avanzado igual que lo han hecho los enfoques económicos, en la región seríamos capaces de comprender que una bacteria puede convertirse en parte de nuestro patrimonio común. La ausencia de enfoques sociales sólidos nos ha impedido apropiarnos de una consciencia real de nuestros recursos, que además, forma parte de los derechos y deberes que tenemos como ciudadanos.

Se puede dar mil vueltas para tratar de descifrar por qué las sociedades y los mismos gobiernos de esta región no se comprometen con su patrimonio natural, por qué la ciudadanía no asume un papel más reactivo en la defensa de los recursos naturales, pero jamás se llegará a conclusiones sinceras sino se reconoce que ha hecho falta una transmisión sin ambages donde se destaque el sentido de pertenencia y patrimonio. La gente en realidad no se cree que los recursos naturales les pertenecen, porque jamás ha sido así.

“Bien común” vs “bien económico”

Foto: GWP CAM¿Por qué sustituir palabras como “democratización” con otras menos connotativas como “integración”?

Los recursos naturales es un tema político en el mismo plano que también es un tema económico.

Para comprender mejor para dónde va la región centroamericana, no se puede ignorar que a nivel mundial las políticas del agua dejaron de ser tratadas como un contenido de fondo político para convertirse en un asunto económico.

Cuando el agua dejó de ser un “bien común” para convertirse en un “bien económico”, se dejó de hablar de “derecho al agua” para decir “acceso al agua”. Las Naciones Unidas, que es el primer interlocutor del Derecho Internacional, usa en sus informes más la palabra “acceso” y menos la palabra “derecho”. No se trata de un descuido, es un cambio de visión, que va en consonancia con las políticas de los Organismos Financieros Internacionales, que han impuesto la concepción de “bien económico”.

Por otro lado, cuando no se habla de “democratización” de los recursos naturales, es porque se realizan maniobras para dar paso a la “gestión”. Bajo una lógica de “democratización”, el poder administrador puede ser técnico pero las políticas son ciudadanas, cuando no se trata de un proceso “democratizador”, el papel de la ciudadanía es más incierto.

Los aparatos técnicos y las privatizaciones (otra palabra que despierta imaginarios y genera polémicas) suelen presentarse como una solución eficaz para la “racionalización” de los recursos, contra la incompetencia de los aparatos públicos. Lo que se obvia es que la ineficacia pública, real o inducida, no exime de sus derechos a los ciudadanos ni del poder de decisión que ostentan sobre su patrimonio.

Las privatizaciones pueden ser positivas, incluso la gestión técnica de los recursos lo es, pero siempre y cuando siga considerando a los recursos como “bienes comunes” y a los ciudadanos como derecho habientes y no como clientes. De otra manera, la finalidad da la espalda a lo social para buscar la competitividad. Y competitividad casi siempre se traduce en exclusión.

Si bien estas mismas políticas buscan precios abordables, si las circunstancias lo exigen, deben contraer también sacrificios para la población, sacrificios que no se aplican de la misma manera para los grandes sectores económicos

En la medida que la integración regional económica de Centroamérica avanza, los recursos naturales se integran de lleno a las leyes de la oferta y la demanda, de la misma forma que cualquier otro producto. Si se hablara de petróleo, sería más comprensible, pero los recursos con los que cuenta la región son “bienes comunes” inalienables, básicos para el sustento de la población.

En el caso de las grandes extensiones de tierra donde se siembra palma africana, por ejemplo, la característica económica disolvió cualquier monopolio público en su gestión. ¿Pasará igual con el agua? ¿Con el oxígeno? ¿Con la biodiversidad?

El agua ya es un bien regulado bajo las reglas de la oferta y la demanda, donde hay una marcada desigualdad en la distribución del recurso energético que producen las represas hidroeléctricas y las energías renovables, manejadas cada vez más por manos privadas y no públicas. Estos traspasos han generado un incremento en el costo de los recursos y vuelven más difícil el mismo acceso, por no decir, casi imposible el derecho al beneficio.

¿Quién gana y quién no obtiene nada con el viento que produce la energía eólica? Preguntas como éstas no pueden dejar de plantearse.

Nuevamente, desde el punto de vista económico – y no de liberalización de la economía y los mercados – tasar los precios de los recursos naturales debería hacerse a partir de la consideración de que es un “bien común”, que inclusive es menos depreciable que el “bien económico”, variable según el mercado.

Para finalizar, es preciso descifrar lo que hay detrás de los discursos, saber hasta qué punto los conceptos se instrumentalizan para favorecer determinados intereses en demérito de otros, de lo contrario, el agua, la energía, la madera, y todos esos recursos que permiten subsistir a poblaciones que no tienen otro tipo de bienes, entrarán en los escaparates del mercado de la misma forma que lo hacen los carros, la ropa o los productos comestibles.

Ni la escasez ni el crecimiento de la población son argumentos que se sostienen cuando se enfrentan a realidades como la mala distribución de los recursos o la desigualdad social.

Centroamérica todavía cuenta con mecanismos constitucionales que reconocen el valor patrimonial y común de los recursos, si los mecanismos neoliberales terminan de sustituirlos, las poblaciones se quedarán sin derechos y solamente tendrán acceso a los recursos, aquellos que puedan pagarlos.

Apuntes sobre la historia futura del agua que ya consumimos

Actualización de datos del Estado de la Región,  facilitará hallazgos sobre el tema agua, pesca y agricultura, con el fin de contribuir con políticas públicas.

Por Francisco Angulo Z.

Heredia, Costa Rica. Este artículo no se trata de química ni biología. Tampoco es una explicación del tiempo como lo hiciera Carl Sagan ni una explicación que podría dar Stephen Hawkins… Más bien, se trata de contarle a aquellos que no llegan a las cinco décadas de vida, -y refrescar la memoria de aquellos que las superan-, cómo ha venido evolucionando el consumo de agua potable en Centroamérica. Y atreverme a decir qué va a pasar.

La memoria de hace 50 años no es tan fresca. Tal y como se forma la corteza de un árbol, el recuerdo va escribiéndose uno tras otro, dándole forma a la historia.

Esta labor de formar y rememorar, la realiza el programa Estado de la Región que se a dedicado a desempolvar los datos de los últimos 50 años, para facilitar el hallazgo de hitos importantes en cuanto a la temática centroamericana, en temas sociales, demográficos, económicos, políticos y en este caso; ambientales.

El estudio “Estadísticas de Centroamérica 2014” del Estado de la Región (ERC) es una herramienta que expone los principales ejes del desarrollo humano sostenible, convertidos en cifras e interpretaciones, sin dejar de lado el espacio para el análisis y la deducción.

El volumen de datos nos da el panorama más amplio del cómo aprovechamos los recursos de la región, en nuestro caso el tema agua.

No es solo el agua que tomamos día a día millones de centroamericanos, sino aquella en mares, ríos, lagos y sus usos consumo y desde luego producción.

Un vistazo

Foto: somosguate.comSegún el informe Estado de la Región los últimos 50 años la población de Centroamérica aumentó en cerca de 30 millones de personas, pasó de 12,7 a 42,7 millones de 1960 al año 2010. Uno de cada tres habitantes de la región es guatemalteco.

Al día de hoy somos más de 43 millones, dejando los 35,93 millones en el año 2000 lo que representa un aumento de más del 21,5%. Para el año 2080 seremos más de 70 millones… en la misma región, utilizando los mismos recursos.

El panorama para Guatemala es diferente, ya que se estima que el 45% de los centroamericanos vivirán en ese país.

Esto trae consigo importantes cambios ambientales, económicos y sociales.  El paulatino cambio generará una mayor demanda de empleo, vivienda y servicios básicos, así como un aumento en el consumo de agua y alimentos, desechos y emisiones de gases a la atmósfera.

Todo esto en la misma región: más bocas que alimentar, misma área de cultivos compitiendo con bosques,  zonas industriales y el desarrollo urbano.

Los países con mayor extensión territorial y que hoy sufren problemas de distribución del recurso, como Nicaragua y Guatemala (GWP, 2014), tienen también el mayor compromiso de mejorar las condiciones socio ambientales. Y desde luego, la calidad de vida de los ciudadanos.

Pero esa mejoría en la calidad de vida es un proceso que según el Estado de la Región, en las últimas cinco décadas ha dado un giro positivo: la esperanza de vida promedio de los países de Centroamérica aumentó en 17,5 años. Pasó de 56,5 años en 1960 a 74 años en 2010. “Todos los países lograron alcanzar una esperanza de vida mayor a los 70 años. Sin embargo, persisten brechas a lo interno de la región: El Salvador, Honduras y Guatemala tienen actualmente la esperanza de vida que tenía Costa Rica hace treinta años. El promedio regional de esperanza de vida aumentó tres años en la última década, al pasar de 71,9 años en 2000 a 74,9 años en 2011.” E incluso al 2013 esta tendencia se mantuvo.

Pese a ello, el Índice de Desarrollo Humano de la región es el más bajo del mundo.

Nuestros recursos

Foto: eleconomista.netDatos de GWP, y numerosos estudios sobre recurso hídrico en la Región, evidencian el uso del agua para la agricultura y la actividad ganadera.

“Nicaragua es el país de Centroamérica con mayor participación del sector agrícola en la producción. En el 2011 el sector primario representó el 20,1% del Producto Interno Bruto y aunque ese año y el 2013 bajó tres puntos porcentuales, sigue siendo el mayor productor agrícola de la región” (PERC). Panamá y Costa Rica, poseen solo el 5% de la producción de este tipo.

Nicaragua, se enfrenta a una fuerte limitación en el acceso al recurso hídrico, cercana al 65% de disponibilidad para los usos de la población y al tener una alta producción agrícola la distribución es difícil.

Pero, por otra parte, la inversión en Saneamiento, ha venido a ayudar en el mejoramiento ambiental y la posibilidad de contar con agua superficial de mejor calidad.

Del mismo modo, las obras desarrolladas por el proyecto de Saneamiento de la Ciudad y la Bahía de Panamá, ya han mostrado sus primeros resultados en ríos y la costa panameña. Esto permite mejorar las condiciones no solo de la ciudad sino de la costa canalera y el beneficio directo a las especies marinas del sector.

El ER, apunta que los tres países con mayor extensión territorial de Centroamérica: Guatemala, Honduras y Nicaragua, aumentaron la proporción de áreas marinas protegidas pero en los restantes países no se registran variaciones importantes.

El aprovechamiento del agua no solo está limitado al uso y consumo del agua superficial o subterránea. También a los beneficios agregados como servicios ambientales que van desde la belleza escénica vista en cataratas, lagos o nacientes en el bosque, hasta las actividades de producción acuícola.

En este sentido la extracción pesquera de nuestra región se concentra principalmente en dos países: Belice y Panamá.

El PERC señala que “para el 2011, año de la última medición disponible, ambos países concentraron el 65% de la captura total regional (675 mil toneladas). Belice registró 268 mil toneladas (40%), a pesar de registrar una baja en el último año ha mantenido un crecimiento exponencial durante la última década”

El  informe señala puntualmente que “Panamá registró 165 mil toneladas (25% del total), con una tendencia a la baja durante los últimos 10 años. La extracción pesquera del resto de países fluctuó entre el 6% y 9% del total regional. Respecto a la producción acuícola regional, entre el 2000 y 2011 pasó 35 a cerca de 120 mil toneladas, aumento en el que participaron todos los países”

Pese a contar con intentos de política pública de protección y conservación en las costas, la producción acuícola se ha incrementado durante la última década.

El agua que tomamos

Foto: Donaldo ChiquitoLa riqueza hídrica centroamericana es un tema cotidiano. La amenaza al recurso, las luchas por la conservación y las iniciativas para mejorar la distribución del recurso están presente en las principales manifestaciones sociales.

La distribución justa del agua para consumo humano, llevan consigo una serie de variables que se centran en el costo y capacidad de inversión y el desarrollo de políticas públicas, asignación de recursos para estas obras.

La cobertura de agua potable registrada es cercana al 64.6% del total de viviendas centroamericanas, teniendo los datos mayores al 99% en Costa Rica y la menor cobertura es del 85% en Nicaragua.

Los valores del saneamiento  entendido como la forma de recolección y tratamiento de aguas residuales mediante cualquier tecnología está cercano al 40.0%.

El tanque séptico y las fosas sanitarias, son las opciones de tratamiento más comunes. Sistemas avanzados como alcantarillado sanitario y tratamiento en plantas son más limitados, pero son inversiones que los Gobiernos de Centroamérica empiezan a empujar con fuerza.

Foto: Proyecto Saneamiento de la Ciudad y la Bahía de PanamáLa experiencia nicaragüense al inaugurar la PTAR de Managua, el proyecto en Panamá y la entrada en operación de la gran planta son casos de éxito. En Costa Rica, avanza la construcción de la PTAR para las aguas de la capital, San José.

Según el ERC en materia de agua potable, entre el 2000 y 2012 pasó del 86% al 93% de la población centroamericana. Para el último año, esta proporción es mayor al promedio mundial (89%) y ligeramente menor al de los países de América Latina y el Caribe (95%).

“Belice tiene un acceso al agua potable mayor al 97%; en Guatemala y Panamá es similar al promedio regional, con 94% cada uno y es más baja en El Salvador y Honduras, cercana al 90%” apunta el Estado de la Región.

Dentro del análisis que realiza el equipo del Estado de la región existen llamadas de atención que permiten ampliar el horizonte del estudio.

“Los mayores problemas nutricionales son los que tienen las mejores condiciones de acceso a tierra con potencial agrícola, y viceversa”. En 2011 Costa Rica fue el país con menor disponibilidad de tierra cultivable por persona, 0,05 hectáreas; mientras que el resto de países fluctúo entre las 0,10 y 0,32 hectáreas respectivamente. Por su parte, Belice es el país con menor porcentaje del territorio ocupado por tierras agrícolas, 6,9%; en el resto de países varió entre 22,8% y 73,9%” reza el informe.

“Ambos países poseen los mayores porcentajes de acceso a alimentos y agua potable en la región. En contraste, Nicaragua es el país con mayor disponibilidad de tierra cultivable por persona y con la mayor cantidad de tierras agrícolas en la región (5,1 millones de hectáreas) poco menos de la mitad de su área terrestre (42,8%)” agrega.

El compendio estadístico no es una tabla de soluciones, como el manual de un electrodoméstico. Es la referencia científica para que los ciudadanos tengamos el poder de apoyar, decidir y actuar en defensa de nuestros recursos.

Hijas del Agua Cruda

Cuando la llave del grifo es objeto decorativo urge la GIRH

Por Sharon Pringle Félix

Eduvina. Foto: Sharon Pringle

De la llave del grifo de la mayoría de las personas en Panamá sale agua, pero en casa de Eduvina, ese es objeto decorativo. De allí, con suerte ha logrado ver salir lombrices.

Como ella, unas 5 mil personas en la provincia de Panamá y 194 mil 232 a nivel nacional, toman agua sin ningún tratamiento. Esta realidad no es alejada de lo que se vive en Centroamérica, pues de acuerdo al IV Informe Estado de la Región (2011),el 11% de la población, equivalente a 4.5 millones de de personas, carece de agua potable y el 29%, 12.2 millones, de saneamiento básico.

La Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerado, publicado por la Contraloría General de la República en 2014, refleja que 50 mil personas buscan agua de pozos artesanales no protegidos; 89 mil, en manantiales sin protección; 38 mil de ríos, estanques o lagos, y 5 mil 200, de otras fuentes.

El informe resalta que 36 mil personas deben caminar largas distancias para conseguir el líquido para beberlo. Y de esta cantidad, el 83% llega a lugares con agua no potable y la beben.

Eduvina camina una hora para obtener agua. Ella es moradora de la comunidad de El Peñón, en Las Cumbres, a 30 minutos del área metropolitana de Panamá, país que creció de forma acelerada, con un promedio superior al 8% anual en la última década, esto representa el doble que el de otros países Latinoamericanos.

Foto: Sharon Pringle

El Peñón es un conjunto montañoso declarado reserva hídrica en 2014. Allí nace un brazo importante de la quebrada de la Cabima, afluente del río Chilibrillo, también el río Cárdenas que va hacia el Canal, del otro lado nace el río Mocambo, atrás se da el nacimiento del río Chilibre. La comunidad del Peñón habita en las faldas de un volcán de agua, está rodeada de ojos de agua, pero ir por ella no es fácil, el área es accidentada… Eduvina ya conoce de caídas y dolores, es la lucha del día a día. Su mirada de cansancio no admite conocer mucho de su vida.

Otras mujeres menos afortunadas son las que no cuentan con la fortaleza para ir por el agua, las de mayor edad, quienes tienen discapacidad física, éstas deben pagar 5 dólares por el agua del día.

Otros vecinos se las ingenian, hay uno que compró un motor pequeño y bombea el agua desde el pozo para la casa por un par de horas. En la parte baja de la comunidad, vienen los carros cisternas y alimentan el tanque que da agua a 6 familias, apenas una parte de la comunidad.

Juana Camargo, socióloga y miembra del Espacio Encuentro de Mujeres -EEM, explica que los recursos hídricos entran en la gran matriz para el crecimiento económico del país, no obstante, en el caso de las mujeres la situación es otra. En el campo, señala, quienes cuentan con poco acceso a tierras, economía de subsistencia y el trabajo fundamental lo realizan como trabajadoras de unidades domésticas de producción y cuidado, con elevadas horas de trabajo que incluye no poco tiempo en la búsqueda de agua en pozos, ríos y quebradas; las cuales, por obra y gracia de la tecnocracia del crecimiento y deterioro ambiental se secan y deben adquirir agua en condición de riesgo.

Camargo llama la atención respecto a los caminos de las mujeres para acercar el agua para el trabajo doméstico, lavado de ropa, ya que afirma, no hace parte de las prioridades del transporte que se registra en el Plan Estratégico Nacional.

Dicho documento, en su página 67 destaca, que el nivel de cobertura nacional de alcantarillado es del 56%, manifestándose desigualdades territoriales en la cobertura y calidad del servicio. La tendencia detectada en los análisis indica que las enfermedades de origen hídrico se han incrementado.

Este y otros temas no son del desconocimiento de la población de El Peñón. En la mesa del portal de la familia Herrera la plática acerca de la necesidad de preservar los recursos hídricos y mejorar la calidad de vida de las personas, es diaria.

Foto: Sharon PringleAnais de Herrera, con rostro de impotencia cuenta “Es una frustración muy grande la situación que vive nuestra gente. En las ciudades se desconoce dónde nace el agua que se toman, entonces abren el grifo y la derrochan”.

Tomar agua cruda en los años 50 no es lo mismo que tomarla ahora. Anais lo sabe: “Eran tiempos donde no había contaminación de basura, químicos, las letrinas estaban apartadas de las fuentes de agua, pero como eso fue cambiando, se hace necesario hacer acueductos. Hemos visto ojos de agua donde se nos hundían los pies de tanta humedad, ahora todo está tan seco… Hemos encontrado los pozos sépticos de tres barriadas totalmente colapsados, van directo al río Chilibre. Las autoridades conocen esto. El elemento agua lo estamos tratando como el gran negocio, que se puede caer algún día, porque imagínese esos tanques sépticos colapsados van directo a los ríos”.

Rosilena Lindo, Directora de Cambio Climático  de la Autoridad Nacional del Ambiente –ANAM, expresa que el tema de los pozos y ojos de agua es de suma importancia, porque la población para poder desarrollarse en sus actividades diarias, están proliferando el uso de dichos pozos sin un permiso.

“Hay varios pozos tomando el recurso hídrico sin cuantificarse cuánto se está sacando. Hay que reconocer que al no tenerse información con mayores niveles se dificulta estimar si la ausencia del recurso hídrico en los pozos es debido al cambio climático o al uso indiscriminado de éste”, acota la funcionaria.

En la actualidad, la ANAM está recabando información de la capacidad hídrica de los pozos a nivel nacional, a fin de conocer cuáles tienen permisos y cuáles no, y así poder identificar dónde reside el problema, que es parte de las evaluaciones de los escenarios climáticos de esas áreas, esto basado en datos que se obtienen del Ministerio de Desarrollo Agropecuario -MIDA.

Anais quien participa de los comités de cuenca y de la Junta de Agua Rural, junto a su esposo Bartolo, conocen que la aplicación de la Gestión Integrada del Recurso Hídrico (GIRH) es una herramienta que ayudará a favorecer el desarrollo en la comunidad en materia hídrica y a solucionar estos problemas.

No obstante a lo anterior, viven una realidad. Entre los/as hijos/as de El Peñón, un volcán de agua, hasta el término “potable” escasea. Las personas que fundaron la comunidad estuvieron 30 años sin agua tratada, al inicio se disputaban poder acceder al recurso antes que los animales. En 1993 logran su primer acueducto, pero esto no permitía un fluido las 24 horas debido a que la bomba conllevaba gran consumo de luz. Las personas pagaban 5 dólares diarios para poder acceder a agua potable tres veces a la semana. Así pasaron 15 años. Posteriormente algunas situaciones de poca voluntad política impiden que desde hace 3 años la comunidad tenga dicho acceso.

Anais, es un ser ingenioso. Hace 29 años, esta oriunda del barrio de Santa Ana, en plena ciudad, se casa con Bartolo y se muda a este sector. El cambio de dinámica de vida para una mujer de la urbe ella lo enfrenta con creatividad y amplia conciencia. Un año después de vivir en el Peñón, da a luz a su hijo, y siente temor de darle de beber de esa agua. Entonces, por acuerdo en la oficina donde labora, le facilitan todas las tardes el recurso.

Los años pasaron y las dificultades aumentaron, pero ella no se rinde, así que hizo de la práctica hábito. Tiene tanque séptico lejos del pozo, el inodoro tiene un tanque pequeño que se llena con un galón; la lavadora se usa una vez a la semana; como en el fregador no hay llave abierta, de un lado coloca un cubo para fregar y el otro para enjuagar, así ahorra agua. “La que queda del enjuague va a las matitas”, sonríe.

Foto: Sharon PringleEn casa de la familia Herrera hay un pozo limpio, repleto de plantas alrededor, hay que atravesar las raíces de un gran árbol para acceder a él, con los años, Anais enfermó de las rodillas y no puede hacer el trayecto, así que Bartolo carga el agua, se complementan.

“La crianza del hombre era para el campo, enfilar el machete, pilar arroz, sembrar; mis hermanas para atender el hogar, lavarnos la ropa, servirnos. Era marcado ese sistema, a medida que nos fuimos educando quitamos ese molde. Anais y yo enseñamos a nuestro hijo a cocinar y planchar; al casarme asumí esas cosas porque sé que ella no se casó para hacérmelas, es un trabajo conjunto. Esa cultura patriarcal no ha sido rota”, revela Bartolo, quien es dirigente comunitario.

Panamá ha ido evolucionando a pasos lentos pero seguros, en el tema de gestión de género. Esto lo afirma la Directora de Cambio Climático de la ANAM, al citar la participación de la mujer en los proyectos de energía renovable, en las comunidades, en el tema de reforestación, entre otros. Y en lo asociado a talleres de toma de decisiones con la comunidad, la participación está en el 57%, esto quiere decir que cada vez más se están dando cuenta que tienen influencia en el tema, y que también ella se ve impactada de forma más fuerte.

El Principio Nº 3 de Dublín, dicta que “la mujer desempeña un papel fundamental en el abastecimiento, la gestión y la protección del agua”. La aceptación de este principio exige políticas que aborden las necesidades de la mujer y la preparen y doten de la capacidad de participar en programas de recursos hídricos incluida la adopción de decisiones y la ejecución, por lo medios que ellas determinen.

Por otro lado, la Estrategia de Género de la Asociación Mundial del Agua (GWP, por sus siglas en inglés), especifica que existen referencias a la contribución de la mujer en la mejora de la gobernabilidad del agua y su gestión sostenible en documentos internacionales de política. No obstante, debe hacerse distinción entre las mujeres en su capacidad individual o profesional y las organizadas en grupos de la sociedad civil.

El postulado anterior lo ilustran las palabras de Anais: “Es duro como mujer porque yo salgo a trabajar, pero y qué hay de las que quedan en casa, cargando ollitas de agua por aquí y acá, tapándola, lo cotidiano de ellas no es fácil. Yo salgo y veo otras cosas, pero ellas no, solo en esa incertidumbre diaria, con sus hijos”.

El sueño de Anais es tener agua potable, que exista saneamiento como derecho humano. “Digamos que no tengo las 24 horas agua en la llave, pero por lo menos sepa que podré recogerla para hacer mis oficios, un día, por tantas horas, pero no es así…” concluye.

Una nueva cultura en el «Corredor Seco»

Por Ariel y José Manuel Torres

En la región sur de Honduras, fronteriza con Nicaragua y El Salvador, el campesinado sabe que el clima es árido, pero que puede ser peor cuando se presentan dos circunstancias temidas y asociadas: sequías e inundaciones.

Sur de Honduras. Foto: GWP CAM

«Viene la llena», dicen los pobladores cuando el cauce usualmente seco de un río se inunda por una lluvia intensa. Todo puede transcurrir casi como en un abrir y cerrar de ojos de la naturaleza.

Son tan recurrentes esos fenómenos que hay un glosario que la población entiende de manera muy práctica y sobre el cual permanece atenta. Entre ellos:

  • Aguacero o chubasco: que se presenta y termina repentinamente. Lo advierten por las señales del cielo y lo ratifican por el parte meteorológico.
  • Alertas: que pueden ser amarillas, verdes o rojas dependientes del riesgo y emergencia.
  • Albergue: la escuela, el centro comunal o una iglesia, previamente identificados, que son utilizados para satisfacer las necesidades básicas de la población afectada o en riesgo de serlo.
  • Damnificado: víctima que perdió la estructura de soporte de sus necesidades básicas, como vivienda, medio de subsistencia, etc.

Pero al mismo tiempo que existe un glosario para las consecuencias, también lo hay para la prevención. Conceptos como riesgo, amenaza, gestión del riesgo, erosión, micro cuencas o cambio climático, se entienden con bastante claridad, explicados a partir de experiencias comunitarias o testimonios propios.

Maximino Martín, un productor de camotes de La Laguna No. 2, comunidad de San Francisco de Coray, Valle, define la adaptación al cambio climático a partir de su experiencia de vida: «a medida que las cosas se dan difíciles, aportamos ideas unos con otros, con asesoría externa. Construimos reservorios de agua, cortinas para los microrriegos… la necesidad dicta como adaptarnos al sistema».

Lo anterior es interesante de interpretar porque al visitar las comunidades se advierte que la percepción no está como al principio, sino que se ha producido un proceso de adaptación de las personas, familias y comunidades a un medio social y natural intervenido por fenómenos que van más allá de su control.

«De aquí no nos vamos a ir», suelen decir pobladores mayores de 30 años, para quienes la emigración al «norte» (EEUU) o a las principales ciudades hondureñas, despierta más miedo e inseguridad que luchar en sus tierras contra las adversidades del clima. No obstante, saben que «integrarse» al riesgo demanda establecer nuevas relaciones con el entorno.

Un ejemplo de esa nueva actitud cultural es Antonio Ortiz, dueño de una finca auto sostenible de media manzana, que se localiza en la comunidad de El Rincón, jurisdicción de Nacaome, Valle, y que sirve de referencia a otros agricultores, por el uso de abono orgánico para fertilizar las plantas y el aprovechamiento del estiércol fresco de ganado para producir la energía que ocupa un fogón biodigestor.

De su finca, Ortiz obtiene tomates, frijoles, maíz, maracuyá, yuca, pepino, papaya, café, apio, cilantro, loroco, chipilín, leña para el fogón, carne de pollo y de cerdo, y afirma: «el punto número uno es no darse por rendido, no dejarse vencer, no esperar del Estado o de la ayuda internacional que todo se lo regalen, e involucrar a la familia para que todos participen».

Cultura de resistencia

Corredor Seco Centroamericano. Mapa ECADERT

Residir en el Corredor Seco Centroamericano es, de alguna manera, vivir en «otro país», donde las sequías o inundaciones son una constante y en los cuales se trata de romper comunitariamente la dinámica de que un fracaso es generador de más fracaso.

En Honduras, el Corredor Seco incluye los departamentos (provincias) de Choluteca, Valle y áreas de El Paraíso y Francisco Morazán. Son igualmente regiones donde la pobreza y la extrema pobreza son más agudas.

A nivel regional, como se sabe, dicho corredor se extiende desde el Estado de Chiapas en México hasta la provincia de Guanacaste en Costa Rica. Físicamente se explica como un fenómeno cíclico de lluvias irregulares, que dificultan la producción agropecuaria de cerca de 10 millones de personas, instaladas básicamente entre Guatemala y Nicaragua.

Desde la primera mitad del siglo pasado, se viene identificando repetidos ciclos de El Niño de la Oscilación Sur (ENOS), que han modelado la forma de vida de estas zonas predominantemente rurales, donde se hilvana una red de realidades interconectadas, que erige la misma figura humana, la del pequeño productor (que envejece paulatinamente, por falta de relevo generacional) o familia de campesinos que viven de la agricultura de subsistencia y venta de mano de obra en condiciones precarias y arbitrarias.

Se identifican también, a lo largo de su historia, como los escenarios donde se han llevado a cabo los más severos conflictos de lucha y despojo de tierras, guerras, desplazamientos e inestabilidad laboral.

Toda la década de los 80, por ejemplo, Choluteca y El Paraíso, en Honduras, fueron extensión territorial de la contrarrevolución nicaragüense. Esa situación generó miles de refugiados nicaragüenses y de desplazados hondureños. El impacto medio ambiental de ese drama no se ha medido.

Dentro del ámbito político y económico, son regiones que juegan actualmente un papel marginal – pero fundamental – para el «espacio de mercado» regional, por su ubicación geográfica y por ser fuente de mano de obra que trabaja en las labores más arduas y peor pagadas.

Hay que señalar que gran parte de ese corredor simboliza el drama agrario histórico en la región centroamericana. En El Salvador, para el caso, fue escenario del genocidio de 1932 (se estima que murieron asesinados 25 mil campesinos), mismo donde se cebó en 1936 una sequía que se registra como una de las más fuertes del siglo pasado.

La mayoría de los municipios registrados en zonas de riesgo, han sido también el teatro de las guerras civiles en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, cuyas consecuencias de baja intensidad repercutieron en Honduras y Costa Rica.

Detrás de cada sequía, hay condiciones que la empeoran

La Libertad, El Salvador. Foto: Isabella Rojas

Durante cada una de las crisis de sequía, en Centroamérica se advierte que hay un factor socioeconómico y sociopolítico que la precede y la empeora. En pleno siglo XXI, los problemas irresueltos del siglo XX se acumulan a los actuales.

Visto de otro modo, esto implica que  Estados fragilizados, que apenas han sobrellevado sus propias problemáticas y complejidades, tienen ahora el desafío de afrontar la suma de los problemas de cada uno.

Pero de la misma forma en que acumulan problemas, la ciudadanía involucrada también acumula capacidades y saberes.  En este sentido, es incorrecto percibir al poblador del Corredor Seco como alguien potencialmente destinado al fracaso y sin capacidad de respuesta propia y de exigencia institucional para afrontar la situación.

Al contrario, la gestión del riesgo es una materia de permanente asignación en sus vidas. Se conecta con los problemas de pobreza, tenencia de la tierra y acceso sostenido a mercados y recursos institucionales para el desarrollo. En las comunidades se percibe cada vez más que toda solución a estos problemas pasa por el rápido aprendizaje de cómo sobrevivir y, simultáneamente, crear condiciones para superarlos.

Desde la Asociación Mundial para el Agua (Global Water Partnership-GWP) y las otras instituciones vinculadas en la identificación y seguimiento de los patrones de sequía, se plantean una serie de propuestas y desafíos, diseñados para conseguir que tanto los actores locales como regionales, públicos, privados, sociedad civil y ciudadanía, puedan absorber la transferencia de conocimientos y experiencias existentes dentro de sus propias prácticas, iniciativas y marcos jurídicos.

En esencia, se propone contribuir a colocar en la agenda pública el tema agrario; priorizar el ordenamiento territorial en función de los usos de la tierra, sensibilizar a las municipalidades afectadas en el tema del cambio climático; mejorar las prácticas mediante el uso de tecnologías apropiadas, diseñar políticas sostenibles para evitar la desertificación del campo y promover la seguridad alimentaria. El reto es complejo, pero cada logro sirve de peldaño para alcanzar el siguiente.

Cálculo de huella hídrica: Lecciones de un envase

Aplicación de modelo de eficiencia en agricultura permite calcular aporte de agua para la producción y tomar medidas de reducción en el consumo. También se puede calcular en todo el proceso hasta la comercialización de un producto.

Por Francisco Angulo Z.

Foto: Anna de JimenezLiberia, Costa Rica. En el patio de la casa tenemos un pequeño huerto. Luego de un aguacero, logramos recoger algunas botellas de agua, no serán más que cinco o seis litros que pudimos captar.

Las plantas tomaron su última ración de agua del año porque con la llegada de la estación seca, de ahora en adelante la dosis de líquido será menor. Algunas morirán, otras nos darán sus frutos.

Y al tomarnos un jugo de naranja, una zanahoria o un tomate, usamos agua para la limpieza de los vegetales. Pensemos que además de nuestro huerto, la mayoría de familias se alimentan de lo que ofrecen los supermercados y se procesan en industrias gigantes.

Pensemos en el arroz, en los millones y millones de granos de arroz cosechados, lavados y que consumimos día a día millones de centroamericanos.

¿Alcanzarán las últimas lluvias para asegurarnos los alimentos? ¿Cuánto más podemos producir con una cantidad de agua limitada? ¿Qué producimos en forma eficiente?

Precisamente esta información la generan diversas investigaciones en Costa Rica, Honduras y Panamá, relacionadas al cálculo de huella hídrica desarrolladas en forma independiente y en el Centro de Recursos Hídricos para Centroamérica y el Caribe (Hidrocec-UNA) en Liberia, Costa Rica.

¿Qué es la huella hídrica?

kg de maizEs un indicador de consumo directo e indirecto del agua. Al relacionar la huella hídrica con la  seguridad alimentaria nos da información de cuánta agua necesitamos para tener cultivos y saber cuál es su rentabilidad aparente por  metro cúbico de agua; es decir, los ingresos generados en ventas por cada metro cúbico de agua utilizado en la producción.

La huella hídrica “determina el consumo y contaminación del agua que  la producción de determinado bien o servicio genera. También se puede calcular a nivel de cuenca, se puede calcular para un  consumidor o grupos de consumidores.  En este caso, nos dice cuánta agua necesitamos para tener cultivos y su rentabilidad por medio del valor aparente de la huella hídrica, en particular del agua extraída ríos y acuíferos así como aquella utilizada en el proceso de producción, por ejemplo,  el agua de riego, lavados, las incorporaciones de agua en el producto, etcétera hasta la venta en anaquel”, comenta Christian Gólcher, investigador de Hidrocec.

Los estudios iniciaron en el 2011 con un proyecto latinoamericano  con un presupuesto limitado como tal en alianza con  el Observatorio del Agua de Madrid, ente con amplia experiencia en el tema y que facilitó la transferencia de conocimiento, reuniones y seminarios para metodologías de estimación de huella hídrica.

Para una investigación amplia “Debemos contar con contra partes en Centroamérica porque el acceso de la información es muy difícil” agrega Andrea Suárez directora de Hidrocec.

La huella de los alimentos

World Water Day 2012Tal y como la planta que aprovecha hasta la última gota de agua que nosotros le demos durante el riego, cada plato está condicionado a lo que la región pueda producir y tiene además de tener un precio, tiene un costo para el medio ambiente.

El cálculo de huella hídrica en agricultura es la suma de tres componentes: la huella azul, que suma de todas las extracciones de agua superficial o subterránea usada en el proceso de producción por ejemplo, riego.

La fórmula la completan la huella verde: el agua que las plantas toman de la naturaleza y la huella gris que es la cantidad de agua que se necesita para diluir un contaminante, la referencia es el nitrógeno, que fue elegido por ser mundialmente utilizado en agricultura y su facilidad de movimiento en el suelo, se disuelve fácilmente en el agua y puede filtrase fácilmente en el suelo.

“Si se diluye nitrógeno, se diluye todo el resto de contaminantes, porque es el que requiere mayor volumen de agua” afirma Suárez.

Los datos de huella de agua se miden en metros cúbicos y son acumulativas, la verde, más la azul  más la gris. En zonas geográficas más calientes, la huella hídrica en general es mayor.

Y si queremos hablar de números, algo así como un “rendimientos hídrico de producción”, nos referiremos a “huella hídrica extendida”, que se entiende como la productividad aparente del agua. Se mide en unidades monetarias por metro cubico; ejemplo: el precio pagado al productor, se divide entre la huella hídrica y éste define cual sería el rendimiento económico para el productor.

“Esto nos lleva a que la asignación de agua para la producción de un cultivo en cierta región comparado con otro puede no ser rentable, llevándonos a sustituir cultivos, por ejemplo, maíz en vez de piña” agregó Suárez.

Así por un lado puede compararse el beneficio económico de una actividad productiva versus cantidad de agua y por otra parte cuánta agua podemos usar para obtener el mayor rendimiento productivo.

“El rendimiento económico de cada metro cubico no es cuánto cuesta el mismo, sino cuánto es la eficiencia económica por producto, o por hectárea de producción. Al final se sabrá cuanto generan esos metros cúbicos de agua, hallando un beneficio económico en términos de metros cúbicos de agua”, agregó Golcher.

El cálculo puede pues convertirse en un arma de doble filo, cuando existen cultivos adheridos a políticas empresariales o públicas que buscan a toda costa la eficiencia financiera, en detrimento de cultivos de importancia para la seguridad alimentaria o cultivos de importancia patrimonial y cultural. Sin embargo, puede ofrecer luz en producciones cuyos altos consumos de agua en la producción podría optimizarse.

Empresas como la Corporación Bananera Nacional de Costa Rica, que realizaron cálculos de huella hídrica extendida así redujeron significativamente la factura de agua y la eléctrica.

Para Golcher “el indicador no dice qué es lo que se tiene que hacer, eso le corresponde a cada empresa o comunidad tomar las acciones. Sin embargo es un indicador potente, que efectivamente señala en que partes del proceso de producción se producen los mayores consumos y, cual es el origen de los mismos.”

Pero también determinar sustituir cultivos podría variar por completo la infraestructura desarrollada en una región y con esto, estilos de vida y hasta identidad de una región, por ejemplo, si una zona es conocida como “azucarera” por excelencia y por cálculo de huella, ese arraigo e identidad -que incluso genere otras actividades-, estaría en vilo por un cambio a otra actividad, por ejemplo, frutas, raíces, tubérculos o arroz.

¿Y si todos nos ponemos de acuerdo?

Ilustración: Ronnie Andrei AcostaSi echamos el agua en una sola planta, tendremos un solo producto. Si la distribuimos en varias, podríamos ver qué variedad de frutos obtenemos y hasta intercambiar con los vecinos.

Las políticas de producción de cada país, están permeadas por las pujas de los mercados, los mismos productores, intermediarios y detallistas, que todos obtienen su parte, -justa o no- en las cadenas de valor. Esta es la voracidad en las reglas de mercado: ley del más fuerte.

Porque presionar al cambio en los mercados es una cuestión ideológica y según Suárez tiene que mucho que ver en el cómo se presenten los datos.

Y es oportuno pensar en un estudio regional que permita hacer más eficiente el uso del agua en cada proceso de producción agrícola. Eso sí, éste es conveniente desarrollarlo con quienes ya trabajan en esta línea en aquellos países y que cuenten con información nivel de país.

Y no se trata de un solo análisis de huella hídrica. Tanto Golcher como Suárez comparten el criterio de desarrollar los análisis de cultivos con criterios socio-ambientales, culturales, históricos y económicos de la región, lo que comentamos anteriormente.

Sin embargo, el aporte de la huella en los procesos agropecuarios siempre es bueno porque ofrece la posibilidad de establecer metas de optimización en el uso del recurso hídrico. Existen experiencias fuera de la región, donde han demostrado que una economía puede crecer más y en forma sostenida, utilizando el agua en forma eficiente, caso de la remolacha azucarera en España, Grecia y Francia.

Aunque Waterfoot Print Network utiliza un mismo marco metodológico, para los países de Centroamérica, hay diferentes modelos y metodologías para el cálculo de huella.

Aquí, se hicieron análisis de producto para determinar parte por parte de la huella desde los consumos de los insumos hasta el consumo de agua en la entrega final del producto.

Volvamos a casa

TomatesNuestras plantas han crecido: tomate, lechuga, naranjas y limón. Y con el agua, la lechuga creció poco, pero suficiente para cenar, los tomates pequeños pero jugosos, las naranjas también. Las flores de nuestro arbolito de limón, no pasaron la época seca y cayeron como dientes de león.

El riego fue limitado frente a las demandas de agua y aunque algunas plantas crecieron más y mejor que otras, las necesidades fueron diferentes y al ser así, la necesidad de agua fue más grande que la que teníamos almacenada y  utilizamos; excedimos la huella.

Debemos sumar también los insumos, el agua de lluvia que recibieron las plantas, la usada para preparar los alimentos y hasta la que consumiremos durante una cena o comida completa.

En Costa Rica, se busca hacer huella en agricultura, en la industria y el sector doméstico, pero se ha visto limitado porque hay muy poca información o la misma se encuentra dispersa.

La huella en consumo humano doméstico varía de región a región, aumenta en zonas más cálidas y costeras y así como también participan variables socio-económicas. Sin embargo, en primera instancia existen limitaciones de información. Hay operadores de acueductos que desconocen cuánta agua dan y distribuyen; o no hay medición continua del agua que consume una familia.

La dieta, el Agua No Contabilizada (pérdidas en las cañerías, conexiones ilegales), también pueden tender a distorsionar el dato.

Por ejemplo: Según Waterfootprint, la Huella una taza de café es de 132 litros de agua: 94% Huella Verde, 1% Azul y 3% Gris, la de un kilo de mantequilla es de 5.553 litros (5,5 metros cúbicos) de agua, de los cuales 85% es Verde, 8% azul y 7% es Gris.

No basta conocer lo que producimos y cómo lo hacemos, sino con qué contamos para ello y el costo para la naturaleza de darnos agua para nuestra vida.

Lo fundamental está en que en cada casa, seamos conscientes del recurso hídrico y como ser “eficientes usuarios” con el uso del agua.

Por ahora, seguiré recogiendo agua de lluvia en un envase. Una botella cualquiera. No tendrá espacio más que para recuerdos de una gota de agua. Pero en su interior se encuentra la vida… ¿y la botella cuánto vivirá? Esa es otra historia.

Carta abierta a Luis Guillermo Solís Rivera

Por Salvador Montenegro Guillén, Director del Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua (CIRA-UNAM). Publicado en Confidencial de Nicaragua y La Prensa Libre de Costa Rica.
CC por realworldphotos.net en FlickrCon el mayor respeto le saludo a través de esta carta pública, copiada a medios informativos de Costa Rica y Nicaragua, y me refiero a la oportunidad que los gobiernos y naciones de ambos países tenemos para desarrollar mecanismos de cooperación y entendimiento transfronterizo, una vez superadas las formalidades del actual proceso electoral en su ilustrado país.

En el norte de Costa Rica, los 13 040 Km2 de su territorio contenido en la Cuenca de los Grandes Lagos y el Río San Juan, representan el 30% de dicha cuenca 69, extensión territorial que contiene ingentes recursos y opciones ambientales para el desarrollo social y económico de nuestros países.

En el devenir histórico de las complejas relaciones políticas entre nuestros países esta realidad natural ha sido escenario de desencuentros y tensiones que desafían la lógica y angustian la buena voluntad, limitando el aprovechamiento racional y la protección de este curso de agua que da vida al río Colorado, en detrimento de los intereses nacionales de ambos países.

La característica fundamental de las cuencas hídricas es que son por naturaleza territorios de convergencia de las aguas, y por extensión de los intereses y la dinámica social y económica. Contradictoriamente, hemos logrado que este río nos divida, desperdiciando opciones concretas de desarrollo.

Por su carácter binacional físico natural, la subcuenca del Río San Juan constituye un óptimo territorio, esencial para el desarrollo económico, social y natural de ambos países, resultando urgente el establecimiento del proceso de gestión de suelos, aguas y bosques en la misma, compromiso impostergable de los pueblos y gobiernos de Nicaragua y Costa Rica y garantía para la sostenibilidad socio ambiental y productiva de ambos países, además de aporte significativo a los esfuerzos de conservación global.

Confieso mi entusiasmo por dirigirme a un académico y educador, cuya proyección política valorará tanto la necesidad de comprender los procesos naturales como de contribuir a corregir los daños humanos causados a la naturaleza, que impactan a la sociedad y economía.

Es grato informarle que no estará solo en esta tarea: en ambos países, organizaciones académicas y organismos no gubernamentales, somos miembros activos de los capítulos locales de la Asociación Mundial para el Agua (GWP por sus siglas en inglés), compartiendo la visión del trabajo conjunto por la gestión sostenible del agua; considérenos organizaciones amigas interesadas en contribuir al éxito de su futura gestión, a través de la cooperación binacional fundamentada en buena voluntad.

Es meritorio destacar que GWP y otras organizaciones líderes en la solución de conflictos hídricos transfronterizos han conceptualizado estrategias sumamente útiles en publicaciones como el “Manual para la gestión integrada de los recursos hídricos de las cuencas transfronterizas de ríos, lagos y acuíferos”, por lo que felizmente conocimientos técnicos no faltan, siendo la voluntad política de nuestros gobiernos lo que nuestras naciones anhelamos se manifiesten para entendernos y cooperar.

La gestión del agua y los asentamientos humanos (Parte 2)

(Esta es la segunda parte del artículo sobre la gestión del agua y los asentamientos humanos, lea la primera parte aquí.)

Un reciente caso lo hemos vivido en Panamá, con el segundo proyecto hidráulico más importante después del Canal de Panamá: el proyecto integral de uso multipropósito del agua del río Tonosí, en el Valle de Tonosí, Sur de la Península de Azuero, el cual integra dos grandes presas de regulación del río en la parte alta de su cuenca media y una de derivación en la parte más baja, destinadas principalmente al control de inundaciones y a la operación de riego de unas 15 000 ha. Es uno de los pocos valles nacionales con suelos muy ricos para el desarrollo agrícola y pecuario, pero azotado crecientemente por graves inundaciones durante el periodo lluvioso y por una falta recurrente dellíquido durante la estación seca. Continúa leyendo La gestión del agua y los asentamientos humanos (Parte 2)