La gestión del agua y los asentamientos humanos (Parte 2)

(Esta es la segunda parte del artículo sobre la gestión del agua y los asentamientos humanos, lea la primera parte aquí.)

Un reciente caso lo hemos vivido en Panamá, con el segundo proyecto hidráulico más importante después del Canal de Panamá: el proyecto integral de uso multipropósito del agua del río Tonosí, en el Valle de Tonosí, Sur de la Península de Azuero, el cual integra dos grandes presas de regulación del río en la parte alta de su cuenca media y una de derivación en la parte más baja, destinadas principalmente al control de inundaciones y a la operación de riego de unas 15 000 ha. Es uno de los pocos valles nacionales con suelos muy ricos para el desarrollo agrícola y pecuario, pero azotado crecientemente por graves inundaciones durante el periodo lluvioso y por una falta recurrente dellíquido durante la estación seca.

Si se aborda el tema de los usos del suelo de la región, se observa fácilmente un predominio del uso agropecuario de subsistencia hacia las alturas de los lagos de regulación, mientras que domina el uso agropecuario extensivo, estimulado por el mercado capitalista, a medida que se baja el valle, es decir hacia las áreas de riego. En el sitio donde se ubica la principal presa de regulación, por ejemplo, la proporción de extensión por predio en los terrenos del embalse es de 11,6 ha/predio, mientras que hacia las planicies del valle, área de riego, es de 23,4 ha/predio, encontrándose el 9,3% de las propiedades finqueras en el rango de 50 ha a 400 ha y más. Finalizando la última década, 430 explotaciones agrarias sobre un total de 2573 de la cuenca, o sea un 16,7% presentaban un tamaño menor a 0,1 ha, un 58,7% del total representaban predios menores a 5 ha, y la gran mayoría se ubicaba hacia las zonas de altas colinas, con la característica adicional de poseer valores definidos más por factores histórico-culturales que por el mercado.

Una llana“expropiación involuntaria” en estas circunstancias, no sería más que una expulsión del núcleo familiar, con la que pierde no solamente un medio de producción, sino un nicho de vida imposible de reconstruir con la indemnización derivada de los precios de mercado de la tierra, todo lo cual es signo de un rompimiento abrupto con el pasado y construcción de futuros desconocidos que, en la precariedad con la que vive, motiva profundas incertidumbres y sobre todo, ese estrés de tener que asumir nuevos códigos culturales, distantes de su cosmovisión, los cuales supuestamente deben agregar suficiencia espiritual a los nuevos marcos de suficiencia material en los que se va a sumergir, para no perder los significados del entorno sistémico; cosa que no siempre sucede, transformando la contradicción en un áspero conflicto social.

Nuestra experiencia es que, contrariamente al concepto de “expropiación involuntaria”, el enfoque debe ser el de “reasentamiento humano involuntario”, algo que está más acorde con el principio de “reorganizar” el sistema ambiental en su dimensión territorial, hacia mejores niveles de sostenibilidad y equidad social. Sin dudas, tal proceso cambiará también patrones de conducta y de convivencia; pero no expulsará a nadie de la región para ir a engrosar cordones de miseria a llende sus fronteras, sino que buscará reconstruir en el área ese nicho perdido, con garantías adicionales de una mejor calidad de vida. Es sencillamente la parte justa que le debe retornar al grupo humano, de los beneficios del proyecto por su aporte al costo social.

En el fondo, de lo que se trata es de trasladar la unidad familiar a un nuevo hábitat, en la propia región, conservando sus parámetros identitarios y agregándole recursos materiales y tecnológicos, de forma que pueda reconstruir sus relaciones productivas, sus relaciones afectivas, culturales y sociales; reconstruir su red social, económica y política, ahora bajo nuevos parámetros de sostenibilidad ambiental, aspecto que implica lógicamente un reajuste cultural intenso, pero realizado desde sus propias raíces. Más que destruir una identidad, se busca entonces enriquecerla, fortalecerla con nuevos conocimientos y códigos compatibles, lo que fortalece a su vez al propio sistema ambiental en el rumbo correcto de la gestión integrada del recurso hídrico.

Por Manuel F. Zárate P., Presidente de Planeta Panamá Consultores, organización miembro de GWP Panamá.

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Publicado por

GWP Centroamérica

Global Water Partnership (GWP) es una red internacional de organizaciones involucradas en la gestión del agua. Nuestra visión es la de un mundo con seguridad hídrica y nuestra misión es fomentar la gobernanza y la gestión de los recursos hídricos para lograr un desarrollo sostenible y equitativo. GWP Centroamérica está conformada por las Asociaciones Nacionales de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. El contenido de los artículos de este blog no refleja necesariamente la posición de GWP. Se permite la reproducción total o parcial de las notas citando su respectiva fuente.

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