Apuntes sobre la historia futura del agua que ya consumimos

Actualización de datos del Estado de la Región,  facilitará hallazgos sobre el tema agua, pesca y agricultura, con el fin de contribuir con políticas públicas.

Por Francisco Angulo Z.

Heredia, Costa Rica. Este artículo no se trata de química ni biología. Tampoco es una explicación del tiempo como lo hiciera Carl Sagan ni una explicación que podría dar Stephen Hawkins… Más bien, se trata de contarle a aquellos que no llegan a las cinco décadas de vida, -y refrescar la memoria de aquellos que las superan-, cómo ha venido evolucionando el consumo de agua potable en Centroamérica. Y atreverme a decir qué va a pasar.

La memoria de hace 50 años no es tan fresca. Tal y como se forma la corteza de un árbol, el recuerdo va escribiéndose uno tras otro, dándole forma a la historia.

Esta labor de formar y rememorar, la realiza el programa Estado de la Región que se a dedicado a desempolvar los datos de los últimos 50 años, para facilitar el hallazgo de hitos importantes en cuanto a la temática centroamericana, en temas sociales, demográficos, económicos, políticos y en este caso; ambientales.

El estudio “Estadísticas de Centroamérica 2014” del Estado de la Región (ERC) es una herramienta que expone los principales ejes del desarrollo humano sostenible, convertidos en cifras e interpretaciones, sin dejar de lado el espacio para el análisis y la deducción.

El volumen de datos nos da el panorama más amplio del cómo aprovechamos los recursos de la región, en nuestro caso el tema agua.

No es solo el agua que tomamos día a día millones de centroamericanos, sino aquella en mares, ríos, lagos y sus usos consumo y desde luego producción.

Un vistazo

Foto: somosguate.comSegún el informe Estado de la Región los últimos 50 años la población de Centroamérica aumentó en cerca de 30 millones de personas, pasó de 12,7 a 42,7 millones de 1960 al año 2010. Uno de cada tres habitantes de la región es guatemalteco.

Al día de hoy somos más de 43 millones, dejando los 35,93 millones en el año 2000 lo que representa un aumento de más del 21,5%. Para el año 2080 seremos más de 70 millones… en la misma región, utilizando los mismos recursos.

El panorama para Guatemala es diferente, ya que se estima que el 45% de los centroamericanos vivirán en ese país.

Esto trae consigo importantes cambios ambientales, económicos y sociales.  El paulatino cambio generará una mayor demanda de empleo, vivienda y servicios básicos, así como un aumento en el consumo de agua y alimentos, desechos y emisiones de gases a la atmósfera.

Todo esto en la misma región: más bocas que alimentar, misma área de cultivos compitiendo con bosques,  zonas industriales y el desarrollo urbano.

Los países con mayor extensión territorial y que hoy sufren problemas de distribución del recurso, como Nicaragua y Guatemala (GWP, 2014), tienen también el mayor compromiso de mejorar las condiciones socio ambientales. Y desde luego, la calidad de vida de los ciudadanos.

Pero esa mejoría en la calidad de vida es un proceso que según el Estado de la Región, en las últimas cinco décadas ha dado un giro positivo: la esperanza de vida promedio de los países de Centroamérica aumentó en 17,5 años. Pasó de 56,5 años en 1960 a 74 años en 2010. “Todos los países lograron alcanzar una esperanza de vida mayor a los 70 años. Sin embargo, persisten brechas a lo interno de la región: El Salvador, Honduras y Guatemala tienen actualmente la esperanza de vida que tenía Costa Rica hace treinta años. El promedio regional de esperanza de vida aumentó tres años en la última década, al pasar de 71,9 años en 2000 a 74,9 años en 2011.” E incluso al 2013 esta tendencia se mantuvo.

Pese a ello, el Índice de Desarrollo Humano de la región es el más bajo del mundo.

Nuestros recursos

Foto: eleconomista.netDatos de GWP, y numerosos estudios sobre recurso hídrico en la Región, evidencian el uso del agua para la agricultura y la actividad ganadera.

“Nicaragua es el país de Centroamérica con mayor participación del sector agrícola en la producción. En el 2011 el sector primario representó el 20,1% del Producto Interno Bruto y aunque ese año y el 2013 bajó tres puntos porcentuales, sigue siendo el mayor productor agrícola de la región” (PERC). Panamá y Costa Rica, poseen solo el 5% de la producción de este tipo.

Nicaragua, se enfrenta a una fuerte limitación en el acceso al recurso hídrico, cercana al 65% de disponibilidad para los usos de la población y al tener una alta producción agrícola la distribución es difícil.

Pero, por otra parte, la inversión en Saneamiento, ha venido a ayudar en el mejoramiento ambiental y la posibilidad de contar con agua superficial de mejor calidad.

Del mismo modo, las obras desarrolladas por el proyecto de Saneamiento de la Ciudad y la Bahía de Panamá, ya han mostrado sus primeros resultados en ríos y la costa panameña. Esto permite mejorar las condiciones no solo de la ciudad sino de la costa canalera y el beneficio directo a las especies marinas del sector.

El ER, apunta que los tres países con mayor extensión territorial de Centroamérica: Guatemala, Honduras y Nicaragua, aumentaron la proporción de áreas marinas protegidas pero en los restantes países no se registran variaciones importantes.

El aprovechamiento del agua no solo está limitado al uso y consumo del agua superficial o subterránea. También a los beneficios agregados como servicios ambientales que van desde la belleza escénica vista en cataratas, lagos o nacientes en el bosque, hasta las actividades de producción acuícola.

En este sentido la extracción pesquera de nuestra región se concentra principalmente en dos países: Belice y Panamá.

El PERC señala que “para el 2011, año de la última medición disponible, ambos países concentraron el 65% de la captura total regional (675 mil toneladas). Belice registró 268 mil toneladas (40%), a pesar de registrar una baja en el último año ha mantenido un crecimiento exponencial durante la última década”

El  informe señala puntualmente que “Panamá registró 165 mil toneladas (25% del total), con una tendencia a la baja durante los últimos 10 años. La extracción pesquera del resto de países fluctuó entre el 6% y 9% del total regional. Respecto a la producción acuícola regional, entre el 2000 y 2011 pasó 35 a cerca de 120 mil toneladas, aumento en el que participaron todos los países”

Pese a contar con intentos de política pública de protección y conservación en las costas, la producción acuícola se ha incrementado durante la última década.

El agua que tomamos

Foto: Donaldo ChiquitoLa riqueza hídrica centroamericana es un tema cotidiano. La amenaza al recurso, las luchas por la conservación y las iniciativas para mejorar la distribución del recurso están presente en las principales manifestaciones sociales.

La distribución justa del agua para consumo humano, llevan consigo una serie de variables que se centran en el costo y capacidad de inversión y el desarrollo de políticas públicas, asignación de recursos para estas obras.

La cobertura de agua potable registrada es cercana al 64.6% del total de viviendas centroamericanas, teniendo los datos mayores al 99% en Costa Rica y la menor cobertura es del 85% en Nicaragua.

Los valores del saneamiento  entendido como la forma de recolección y tratamiento de aguas residuales mediante cualquier tecnología está cercano al 40.0%.

El tanque séptico y las fosas sanitarias, son las opciones de tratamiento más comunes. Sistemas avanzados como alcantarillado sanitario y tratamiento en plantas son más limitados, pero son inversiones que los Gobiernos de Centroamérica empiezan a empujar con fuerza.

Foto: Proyecto Saneamiento de la Ciudad y la Bahía de PanamáLa experiencia nicaragüense al inaugurar la PTAR de Managua, el proyecto en Panamá y la entrada en operación de la gran planta son casos de éxito. En Costa Rica, avanza la construcción de la PTAR para las aguas de la capital, San José.

Según el ERC en materia de agua potable, entre el 2000 y 2012 pasó del 86% al 93% de la población centroamericana. Para el último año, esta proporción es mayor al promedio mundial (89%) y ligeramente menor al de los países de América Latina y el Caribe (95%).

“Belice tiene un acceso al agua potable mayor al 97%; en Guatemala y Panamá es similar al promedio regional, con 94% cada uno y es más baja en El Salvador y Honduras, cercana al 90%” apunta el Estado de la Región.

Dentro del análisis que realiza el equipo del Estado de la región existen llamadas de atención que permiten ampliar el horizonte del estudio.

“Los mayores problemas nutricionales son los que tienen las mejores condiciones de acceso a tierra con potencial agrícola, y viceversa”. En 2011 Costa Rica fue el país con menor disponibilidad de tierra cultivable por persona, 0,05 hectáreas; mientras que el resto de países fluctúo entre las 0,10 y 0,32 hectáreas respectivamente. Por su parte, Belice es el país con menor porcentaje del territorio ocupado por tierras agrícolas, 6,9%; en el resto de países varió entre 22,8% y 73,9%” reza el informe.

“Ambos países poseen los mayores porcentajes de acceso a alimentos y agua potable en la región. En contraste, Nicaragua es el país con mayor disponibilidad de tierra cultivable por persona y con la mayor cantidad de tierras agrícolas en la región (5,1 millones de hectáreas) poco menos de la mitad de su área terrestre (42,8%)” agrega.

El compendio estadístico no es una tabla de soluciones, como el manual de un electrodoméstico. Es la referencia científica para que los ciudadanos tengamos el poder de apoyar, decidir y actuar en defensa de nuestros recursos.

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Cálculo de huella hídrica: Lecciones de un envase

Aplicación de modelo de eficiencia en agricultura permite calcular aporte de agua para la producción y tomar medidas de reducción en el consumo. También se puede calcular en todo el proceso hasta la comercialización de un producto.

Por Francisco Angulo Z.

Foto: Anna de JimenezLiberia, Costa Rica. En el patio de la casa tenemos un pequeño huerto. Luego de un aguacero, logramos recoger algunas botellas de agua, no serán más que cinco o seis litros que pudimos captar.

Las plantas tomaron su última ración de agua del año porque con la llegada de la estación seca, de ahora en adelante la dosis de líquido será menor. Algunas morirán, otras nos darán sus frutos.

Y al tomarnos un jugo de naranja, una zanahoria o un tomate, usamos agua para la limpieza de los vegetales. Pensemos que además de nuestro huerto, la mayoría de familias se alimentan de lo que ofrecen los supermercados y se procesan en industrias gigantes.

Pensemos en el arroz, en los millones y millones de granos de arroz cosechados, lavados y que consumimos día a día millones de centroamericanos.

¿Alcanzarán las últimas lluvias para asegurarnos los alimentos? ¿Cuánto más podemos producir con una cantidad de agua limitada? ¿Qué producimos en forma eficiente?

Precisamente esta información la generan diversas investigaciones en Costa Rica, Honduras y Panamá, relacionadas al cálculo de huella hídrica desarrolladas en forma independiente y en el Centro de Recursos Hídricos para Centroamérica y el Caribe (Hidrocec-UNA) en Liberia, Costa Rica.

¿Qué es la huella hídrica?

kg de maizEs un indicador de consumo directo e indirecto del agua. Al relacionar la huella hídrica con la  seguridad alimentaria nos da información de cuánta agua necesitamos para tener cultivos y saber cuál es su rentabilidad aparente por  metro cúbico de agua; es decir, los ingresos generados en ventas por cada metro cúbico de agua utilizado en la producción.

La huella hídrica “determina el consumo y contaminación del agua que  la producción de determinado bien o servicio genera. También se puede calcular a nivel de cuenca, se puede calcular para un  consumidor o grupos de consumidores.  En este caso, nos dice cuánta agua necesitamos para tener cultivos y su rentabilidad por medio del valor aparente de la huella hídrica, en particular del agua extraída ríos y acuíferos así como aquella utilizada en el proceso de producción, por ejemplo,  el agua de riego, lavados, las incorporaciones de agua en el producto, etcétera hasta la venta en anaquel”, comenta Christian Gólcher, investigador de Hidrocec.

Los estudios iniciaron en el 2011 con un proyecto latinoamericano  con un presupuesto limitado como tal en alianza con  el Observatorio del Agua de Madrid, ente con amplia experiencia en el tema y que facilitó la transferencia de conocimiento, reuniones y seminarios para metodologías de estimación de huella hídrica.

Para una investigación amplia “Debemos contar con contra partes en Centroamérica porque el acceso de la información es muy difícil” agrega Andrea Suárez directora de Hidrocec.

La huella de los alimentos

World Water Day 2012Tal y como la planta que aprovecha hasta la última gota de agua que nosotros le demos durante el riego, cada plato está condicionado a lo que la región pueda producir y tiene además de tener un precio, tiene un costo para el medio ambiente.

El cálculo de huella hídrica en agricultura es la suma de tres componentes: la huella azul, que suma de todas las extracciones de agua superficial o subterránea usada en el proceso de producción por ejemplo, riego.

La fórmula la completan la huella verde: el agua que las plantas toman de la naturaleza y la huella gris que es la cantidad de agua que se necesita para diluir un contaminante, la referencia es el nitrógeno, que fue elegido por ser mundialmente utilizado en agricultura y su facilidad de movimiento en el suelo, se disuelve fácilmente en el agua y puede filtrase fácilmente en el suelo.

“Si se diluye nitrógeno, se diluye todo el resto de contaminantes, porque es el que requiere mayor volumen de agua” afirma Suárez.

Los datos de huella de agua se miden en metros cúbicos y son acumulativas, la verde, más la azul  más la gris. En zonas geográficas más calientes, la huella hídrica en general es mayor.

Y si queremos hablar de números, algo así como un “rendimientos hídrico de producción”, nos referiremos a “huella hídrica extendida”, que se entiende como la productividad aparente del agua. Se mide en unidades monetarias por metro cubico; ejemplo: el precio pagado al productor, se divide entre la huella hídrica y éste define cual sería el rendimiento económico para el productor.

“Esto nos lleva a que la asignación de agua para la producción de un cultivo en cierta región comparado con otro puede no ser rentable, llevándonos a sustituir cultivos, por ejemplo, maíz en vez de piña” agregó Suárez.

Así por un lado puede compararse el beneficio económico de una actividad productiva versus cantidad de agua y por otra parte cuánta agua podemos usar para obtener el mayor rendimiento productivo.

“El rendimiento económico de cada metro cubico no es cuánto cuesta el mismo, sino cuánto es la eficiencia económica por producto, o por hectárea de producción. Al final se sabrá cuanto generan esos metros cúbicos de agua, hallando un beneficio económico en términos de metros cúbicos de agua”, agregó Golcher.

El cálculo puede pues convertirse en un arma de doble filo, cuando existen cultivos adheridos a políticas empresariales o públicas que buscan a toda costa la eficiencia financiera, en detrimento de cultivos de importancia para la seguridad alimentaria o cultivos de importancia patrimonial y cultural. Sin embargo, puede ofrecer luz en producciones cuyos altos consumos de agua en la producción podría optimizarse.

Empresas como la Corporación Bananera Nacional de Costa Rica, que realizaron cálculos de huella hídrica extendida así redujeron significativamente la factura de agua y la eléctrica.

Para Golcher “el indicador no dice qué es lo que se tiene que hacer, eso le corresponde a cada empresa o comunidad tomar las acciones. Sin embargo es un indicador potente, que efectivamente señala en que partes del proceso de producción se producen los mayores consumos y, cual es el origen de los mismos.”

Pero también determinar sustituir cultivos podría variar por completo la infraestructura desarrollada en una región y con esto, estilos de vida y hasta identidad de una región, por ejemplo, si una zona es conocida como “azucarera” por excelencia y por cálculo de huella, ese arraigo e identidad -que incluso genere otras actividades-, estaría en vilo por un cambio a otra actividad, por ejemplo, frutas, raíces, tubérculos o arroz.

¿Y si todos nos ponemos de acuerdo?

Ilustración: Ronnie Andrei AcostaSi echamos el agua en una sola planta, tendremos un solo producto. Si la distribuimos en varias, podríamos ver qué variedad de frutos obtenemos y hasta intercambiar con los vecinos.

Las políticas de producción de cada país, están permeadas por las pujas de los mercados, los mismos productores, intermediarios y detallistas, que todos obtienen su parte, -justa o no- en las cadenas de valor. Esta es la voracidad en las reglas de mercado: ley del más fuerte.

Porque presionar al cambio en los mercados es una cuestión ideológica y según Suárez tiene que mucho que ver en el cómo se presenten los datos.

Y es oportuno pensar en un estudio regional que permita hacer más eficiente el uso del agua en cada proceso de producción agrícola. Eso sí, éste es conveniente desarrollarlo con quienes ya trabajan en esta línea en aquellos países y que cuenten con información nivel de país.

Y no se trata de un solo análisis de huella hídrica. Tanto Golcher como Suárez comparten el criterio de desarrollar los análisis de cultivos con criterios socio-ambientales, culturales, históricos y económicos de la región, lo que comentamos anteriormente.

Sin embargo, el aporte de la huella en los procesos agropecuarios siempre es bueno porque ofrece la posibilidad de establecer metas de optimización en el uso del recurso hídrico. Existen experiencias fuera de la región, donde han demostrado que una economía puede crecer más y en forma sostenida, utilizando el agua en forma eficiente, caso de la remolacha azucarera en España, Grecia y Francia.

Aunque Waterfoot Print Network utiliza un mismo marco metodológico, para los países de Centroamérica, hay diferentes modelos y metodologías para el cálculo de huella.

Aquí, se hicieron análisis de producto para determinar parte por parte de la huella desde los consumos de los insumos hasta el consumo de agua en la entrega final del producto.

Volvamos a casa

TomatesNuestras plantas han crecido: tomate, lechuga, naranjas y limón. Y con el agua, la lechuga creció poco, pero suficiente para cenar, los tomates pequeños pero jugosos, las naranjas también. Las flores de nuestro arbolito de limón, no pasaron la época seca y cayeron como dientes de león.

El riego fue limitado frente a las demandas de agua y aunque algunas plantas crecieron más y mejor que otras, las necesidades fueron diferentes y al ser así, la necesidad de agua fue más grande que la que teníamos almacenada y  utilizamos; excedimos la huella.

Debemos sumar también los insumos, el agua de lluvia que recibieron las plantas, la usada para preparar los alimentos y hasta la que consumiremos durante una cena o comida completa.

En Costa Rica, se busca hacer huella en agricultura, en la industria y el sector doméstico, pero se ha visto limitado porque hay muy poca información o la misma se encuentra dispersa.

La huella en consumo humano doméstico varía de región a región, aumenta en zonas más cálidas y costeras y así como también participan variables socio-económicas. Sin embargo, en primera instancia existen limitaciones de información. Hay operadores de acueductos que desconocen cuánta agua dan y distribuyen; o no hay medición continua del agua que consume una familia.

La dieta, el Agua No Contabilizada (pérdidas en las cañerías, conexiones ilegales), también pueden tender a distorsionar el dato.

Por ejemplo: Según Waterfootprint, la Huella una taza de café es de 132 litros de agua: 94% Huella Verde, 1% Azul y 3% Gris, la de un kilo de mantequilla es de 5.553 litros (5,5 metros cúbicos) de agua, de los cuales 85% es Verde, 8% azul y 7% es Gris.

No basta conocer lo que producimos y cómo lo hacemos, sino con qué contamos para ello y el costo para la naturaleza de darnos agua para nuestra vida.

Lo fundamental está en que en cada casa, seamos conscientes del recurso hídrico y como ser “eficientes usuarios” con el uso del agua.

Por ahora, seguiré recogiendo agua de lluvia en un envase. Una botella cualquiera. No tendrá espacio más que para recuerdos de una gota de agua. Pero en su interior se encuentra la vida… ¿y la botella cuánto vivirá? Esa es otra historia.